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Tecnologías para el abasto de
agua
Por
Alejandro Montesinos Larrosa*
y Leopoldo Gallardo Quiñones**
Todos los caminos llevan al
agua, a todas las aguas bajo el
Sol.
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Los secretos del
ariete hidráulico
Frente a los castillos medievales recurría la
soldadesca de infantería con una viga larga y
pesada, que reforzaban en un extremo con una
pieza labrada de hierro o bronce, comúnmente en
forma de cabeza de carnero. ¡Ariete a la vista!,
vociferaban los defensores desde los recintos
amurallados. Los asaltantes arremetían con
ímpetu contra las puertas o baluartes
vulnerables para inferir una brecha hacia los
aposentos de la fortificación.
El servil y estratégico ariete podía decidir el
color de la bandera que ondearía en el mástil
cardinal de la fortaleza asediada.
Con los siglos las catapultas y los arietes
cedieron su linaje a la pólvora y el cañón.
El imperio actual recurre a los misiles desde un
bunker informatizado. Pareciera que el vocablo
ariete caería en el saco de las palabras
referentes sólo a las contiendas del Medioevo.
Venturas y desventuras
del ariete hidráulico
El ariete hidráulico irrumpe en la historia al
principio de la era de los grandes inventos y
alcanzó la adultez paralelamente a las máquinas
de vapor y el motor de combustión interna (Fig.
17).

Fig.17. Ariete hidráulico tradicional.
En una cervecería del condado
inglés de Cheshire, John Whitehurst fermentó su
ingenio para construir un aparato con un
principio de funcionamiento novedoso: accionaba
manualmente un grifo en una tubería conectada a
un tanque de abasto, en un nivel superior, para
provocar el fenómeno físico conocido como golpe
de ariete, que permitía elevar el líquido a un
tanque de almacenamiento colocado a una altura
mayor (Fig. 18).
Un niño se ocupaba de accionar el artefacto, que
funcionó desde 1772 hasta 1800.

Fig. 18. Esquema de funcionamiento
del ariete ideado por John Whitehurst.
La sagacidad humana añadió
elementos al invento cervecero, y seis años
antes de que Joseph Montgolfier junto a su
hermano Étienne inventara el globo aerostático,
concibió un ariete automático, en principio
similar a los de hoy, aunque entonces lo
denominó le belier hydraulique (Fig. 19). La
novedad, reconocida en 1776, libró a los
infantes (y adultos) de la servidumbre humana
como fuerza motriz. Después de la muerte del
ilustre francés otros se ocuparon de añadir
bondades al equipo e investigaron los secretos
de su aparente magia.

Fig. 19. Esquema del ariete hidráulico
ideado por Joseph Michael
Montgolfier, construido con el mismo principio
de funcionamiento
de los equipos actuales.
Los adeptos a la invención
concibieron diseños que combinaron el ariete con
un sifón o una bomba de succión, lo utilizaron
como compresor de aire, lo acoplaron con una
válvula de impulso operada mecánicamente, lo
adaptaron a un motor o un pozo artesiano, lo
revistieron de concreto reforzado o lo adaptaron
para utilizar la energía de las mareas.
Las innovaciones nos legaron un aparato que
durante más de un siglo figuró entre las
máquinas hidráulicas más apreciadas y
experimentadas.
La tentación por lo desconocido provocó que
algunos formularan hipótesis sobre la aparente
simplicidad de los procesos que ocurren en el
fluir del agua a través del ariete: Eytelwein
(1805), d’Aubuisson (1840) y Morin (1863)
aportaron deducciones empíricas
que aún persisten en trabajos de referencia
ingenieril, aunque Walker Fyfe (1922), quien
realizó muchas instalaciones en Inglaterra,
declaró la inutilidad de sus fórmulas.
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¿Qué es el
golpe de ariete?
La Física reconoce el
fenómeno denominado golpe de ariete o
choque hidráulico, que ocurre cuando
varía bruscamente la presión de un
fluido dentro de una tubería, motivado
por el cierre o abertura de una llave,
grifo o válvula; también puede
producirse por la puesta en marcha o
detención de un motor o bomba
hidráulica. Durante la fluctuación
brusca de la presión el líquido fluye a
lo largo de la tubería a una velocidad
definida como de propagación de la onda
de choque.
El cambio de presión provoca
deformaciones elásticas en el líquido y
en las paredes de la tubería. Este
fenómeno se considera indeseable porque
causa frecuentes roturas en las redes
hidráulicas de las ciudades y en las
instalaciones intradomiciliarias, y
también es causante de los sonidos
característicos que escuchamos en las
tuberías cuando abrimos o cerramos un
grifo bruscamente en nuestras casas. Por
tal razón, con frecuencia se diseñan
válvulas de efecto retardado o se
instalan dispositivos de seguridad.
El científico ruso N. Zhukovski
(1847-1921) estudió este fenómeno por
primera vez en su obra Sobre el choque
hidráulico, como parte de sus
indagaciones hidroaeromecánicas, que
constituyeron la base teórica para la
ulterior comprensión del funcionamiento
de la bomba de golpe de ariete o ariete
hidráulico, lo que demuestra que los
fenómenos físicos (y los naturales en
general) no deben asumirse como
negativos o positivos, sino como leyes
que debemos incorporar a nuestro arsenal
cognitivo hacia una armónica actuación
del hombre en la naturaleza y hacia la
plenitud creadora del ser humano. |
Los partidarios de las
formulaciones teóricas se empeñaron en
determinar el índice del cambio de la velocidad
variable de la columna de agua durante cada
período en el ciclo de trabajo del equipo, para
finalmente intentar predecir el volumen de agua
que pudiera bombearse mediante los modelos
concretos.
La asunción del método exclusivamente teórico
regatea con la quimera: las variables del
proceso desbordan las exigencias de las fórmulas
matemáticas si no se recurre al instrumental del
experimento. Habría que incluir el
comportamiento de las pérdidas de carga por
fricción o turbulencia, la longitud del
recorrido de la válvula de impulso, el peso que
actúa sobre la válvula de impulso, la
resiliencia debida a la elasticidad del agua y
el material de la tubería de impulso, y la
duración del período durante el cual la válvula
de impulso cierra, entre otros elementos.
La fusión de la teoría y la práctica deberían
aportar las claves cognitivas: desde Harza
(1908), con el diseño de un equipo experimental
accionado por un motor externo para determinar
el caudal inestable durante el período de
aceleración; O’Brien y Gosline (1933), quienes
aportaron una primera explicación satisfactoria
para el funcionamiento del ariete; Lansford y
Dugan (1941), que obtuvieron informaciones
atendibles; Krol (1952), quien formuló conceptos
útiles; o el modelo de Iversen (1975); hasta
recientes indagaciones como las realizadas por
Schiller y Kahangire en la Universidad de
Ottawa, el belga Jan Haemhouts (1989-1998) e
investigadores cubanos desde la década del
noventa del pasado siglo.
El ariete hidráulico, en su versión
convencional, es un equipo pesado, voluminoso y
relativamente costoso en comparación con otros,
como la combinación de una bomba centrífuga con
un motor eléctrico o un motor de combustión
interna. Además, su utilización queda limitada a
condiciones específicas: disponer de un caudal
de agua constante y un desnivel suficiente para
lograr la potencia deseada.
La potencia en sí tiene sus límites en el ariete
hidráulico convencional, por elementos
constructivos, como los diámetros mayores del
tubo de impulso y por consiguiente de la válvula
de impulso. Estas limitaciones fueron superadas
a partir de la concepción y diseño del ariete
hidráulico multipulsor (Fig. 20).
Fig. 20. Prototipos de arietes hidráulicos
multipulsores exhibidos en el Centro Integrado
de Tecnologías del Agua (CITA).
En la industria moderna
disminuyó el uso del ariete hidráulico
convencional, hasta casi desaparecer en el
contexto tecnológico contemporáneo.
Lo que más se recuerda de la era victoriosa de
los arietes convencionales es el escaso
mantenimiento que requerían y su larga vida
útil, lo que hubiera permitido satisfacer
ciertos mercados por varias décadas (en Ameya,
Nicaragua, se encuentra un ariete funcionando
desde 1884).
Este argumento tampoco favorece el desarrollo de
esta tecnología en el mundo mercantilista, donde
el buen negocio consiste fundamentalmente en
seguir vendiendo, aunque sea sobre la base de la
manipulación de las necesidades reales del
cliente.
El concepto convencional del ariete hidráulico
se mantuvo en la memoria de los planificadores y
diseñadores como una de esas cosas simpáticas
del pasado, y su aplicación quedó restringida a
casos particulares.
Venturas y aventuras
del ariete hidráulico multipulsor
La fecha de adopción del ariete hidráulico en
Cuba se pierde entre los documentos y la memoria
de algunos campesinos, que aún esperan por una
indagación más acuciosa.
Modelos construidos e instalados en el siglo XIX
todavía resisten la prueba del tiempo y con un
mínimo mantenimiento pudieran reiniciar su
rítmico accionar. Muchos recuerdan el equipo que
abastecía de agua a más de setecientas cabezas
de ganado mayor en Canapú, Birán, en el
municipio holguinero de Cueto, hace más de
ochenta años.
En la penúltima década del pasado siglo algunos
investigadores y técnicos construyeron arietes
hidráulicos convencionales en la Empresa de
Minihidroeléctricas de Mayarí, la Fábrica de
Válvulas de Guantánamo y el Instituto Superior
Minero Metalúrgico de Moa, entre otras
entidades.
El malogrado ingeniero belga Jan Haemhouts
inició en Nicaragua, después de peregrinar por
Haití y otras coordenadas, un empeñoso proceso
de superación de las principales limitaciones
del concepto convencional del ariete y adecuó
esta tecnología a los requerimientos modernos de
un proceso industrial.
Su primer paso consistió en confirmar en la
práctica el contenido de la memoria descriptiva
de su patente referida al ariete hidráulico
multipulsor. En Cuba redescubrió el aliento
hacia la plenitud creadora, primero con colegas
entusiastas de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP), en 1990, y luego
en Camagüey, en el CITA, donde logró el salto,
cualitativo y cuantitativo, que añoraba.
En el CITA crecía un proyecto singular, debajo
de tres grandes mangos, a los que se añadieron
una palma y una ceiba en 1995, el mismo día en
que Martí había ofrecido su sangre generosa,
cien años antes.
Las prédicas de Jan y la nueva saeta que asumió
el Estado cubano en relación con las fuentes
nacionales de energía (incluidas las
renovables), permitieron sacar al ariete
hidráulico del letargo impuesto por la política,
la industria y el mercado contemporáneos, que
exaltan las prestaciones del motor de combustión
interna, el motor eléctrico y otros artefactos
afines. Con un sentido holístico, desde una
sinergia provechosa, el ariete reanudó su
peregrinar por la perseverancia de un equipo
multidisciplinario de especialistas y técnicos
del CITA, integrado por Leopoldo Gallardo, Pedro
Luis Pérez, Fernando Puente, Juan Manuel Piñero,
Nilo Sosa y Amado Cepero, entre otros.
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¿Qué
es el ariete hidráulico?
La bomba de
golpe de ariete o ariete
hidráulico es un motor
hidráulico que utiliza la
energía de una cantidad de
líquido (comúnmente agua)
situada a una altura mayor (el
desnivel de un río, presa,
acequia u otro depósito o
caudal), con el objetivo de
elevar una porción de esa
cantidad de líquido hasta una
altura mayor que la inicial,
mediante el empleo del fenómeno
físico conocido como golpe de
ariete. |
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El equipo bombea un
flujo continuo y funciona
ininterrumpidamente sin necesidad de
otra fuente de energía. El ariete
hidráulico también puede compararse con
un transformador eléctrico, ya que éste
recibe una tensión baja (en voltios) con
una corriente eléctrica relativamente
alta (en amperios) y obtiene un régimen
de mayor tensión y menor amperaje, y en
el caso del ariete ocurre un proceso
similar a nivel hidráulico: recibe un
gran caudal (Q + q) con una baja carga
(H) y obtiene un régimen de mayor
presión (h) con un menor caudal (q). |
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Principio de funcionamiento
El agua
procedente de una fuente de
alimentación (1) desciende por
gravedad por la tubería de
alimentación o impulso (2) bajo
la acción del desnivel en
relación con el ariete
hidráulico (H), con un caudal
determinado (Q + q), y se
derrama al exterior del cuerpo o
caja de válvulas (3) del ariete
en una cantidad (Q) hasta
adquirir una velocidad
suficiente para que la presión
dinámica cierre la válvula de
impulso o ímpetu (4). |
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El cierre brusco de
esta válvula produce el efecto conocido
como golpe de ariete, lo cual origina
una sobrepresión en la tubería de
alimentación que provoca la apertura de
la válvula de retención (5), que permite
el paso del agua hacia el interior de la
cámara de aire (6), provoca la
compresión del aire existente y cierta
cantidad de agua (q) asciende por la
tubería de bombeo o descarga (7). En ese
instante se produce una ligera succión
en el cuerpo o caja de válvulas que
provoca una disminución de la presión,
la apertura de la válvula de impulso y
el cierre de la válvula de retención. De
esta forma se crean las condiciones para
que el proceso se convierta en cíclico,
con el consiguiente ascenso de una
columna estable de agua hacia el tanque
elevado (8), mediante la tubería de
bombeo. |
Desde el artefacto de
Whitehurst y la inventiva de Montgolfier, el
ariete hidráulico experimentó cambios
constructivos notables, pero ninguno tan
trascendental como el nuevo concepto multipulsor,
porque superaba las limitaciones relacionadas
con los grandes volúmenes y pesos del equipo, y
su potencia relativamente baja; o sea, el factor
determinante no radicaba en el potencial de
energía hidráulica disponible en una situación
determinada, sino en la propia capacidad de
admisión del flujo hidráulico en el aparato.
La esencia del nuevo método consiste en la
sustitución de la única válvula de impulso de
los arietes convencionales por un conjunto
adecuado de válvulas en posiciones óptimas, en
dependencia de determinadas condiciones de
producción e instalación para aprovechar mejor
los caudales disponibles y aumentar la potencia
y los rendimientos. Esto permite una baja
relación entre la velocidad máxima del agua en
el sistema y la velocidad del agua al momento
del cierre de las válvulas, con un mínimo de
contraimpulso para su abertura automática, lo
que permite aún más reducir el largo y el
diámetro del tubo de impulso. También aporta la
ventaja de aminorar la necesidad de
amortiguación en la magnitud de inyección de
agua en la cámara de aire, por lo que puede
reducirse su volumen.
Por último, aparece la posibilidad de utilizar
un solo tubo de impulso con una gran cantidad de
unidades multipulsoras, lo que permite aumentar
la potencia con unidades livianas estandarizadas
y producidas en serie a bajo costo, mientras que
con los arietes convencionales se necesita
diseñar un aparato en función de un diámetro
dado, de gran volumen y peso, y por consiguiente
de un alto costo.

Durante más de
una década, en el CITA se han diseñado,
investigado e instalado disímiles modelos. En
las cercanías del poblado camagüeyano de Minas
se experimentó la versión más avanzada hasta
entonces del ariete hidráulico multipulsor, con
un tubo de impulso de catorce pulgadas, equipado
con ciento cuarenta y cuatro válvulas de impulso
y una carga de entrada de menos de treinta
centímetros.
La construcción del banco de pruebas para
arietes hidráulicos en la presa Jimaguayú, a
diecisiete kilómetros de Vertientes, en
Camagüey, potenció las investigaciones que se
realizan en el CITA, con diámetros de entrada de
dos pulgadas en adelante. En el propio centro
camagüeyano se conformó un banco de pruebas de
miniprototipos, con posibilidad de evaluar
cargas de entrada de 0,5 a 3 m de altura y
flujos de derrame que oscilan entre 0 y 10 L/s.
Paralelo a estas indagaciones
teórico-experimentales se asume la realización
de protocolos de investigación asistidos por
computadoras para el diseño y el cálculo de las
uniones en los arietes hidráulicos y en su
instalación.
En los albores del
siglo XXI
Cuba reacomoda su economía y en particular su
desarrollo energético, con un enfoque
sostenible. En ese escenario el uso de los
arietes hidráulicos (junto a otras tecnologías
que utilizan las fuentes renovables de energía)
puede y debe acercar el agua a los cubanos que
aún no disponen del servicio de acueducto, allí
donde un simple salto de agua en un río, presa o
acequia permitan la instalación de estos
equipos.
El abastecimiento de agua a la ganadería y el
riego a pequeñas parcelas se presentan como
actividades que potencialmente pueden
satisfacerse con el accionar de los arietes
hidráulicos, con una probada eficiencia y
rentabilidad (Tabla 3).
El ahorro de combustibles fósiles que implica el
uso de los arietes hidráulicos y el
insignificante costo de su mantenimiento le
confieren a esta tecnología una competitividad
singular a la hora de decidir la solución del
bombeo de agua en zonas rurales y de difícil
acceso.
Con el concurso de los especialistas del CITA y
el movimiento del Fórum de Ciencia y Técnica, en
Cuba se impulsa un proyecto de instalaciones de
arietes hidráulicos, que ya cuenta con ciento
ocho nuevos equipos instalados: sesenta en
Holguín, veinticinco en Granma, trece en
Santiago de Cuba, cuatro en Guantánamo, tres en
Cienfuegos, dos en Camagüey y uno en Villa
Clara, sin incluir más de treinta arietes
convencionales reportados.
El ariete hidráulico no revela aún todos sus
secretos a los teóricos: mientras, los
campesinos cubanos redescubren la magia de su
bondad. En la nueva centuria, cuando el petróleo
y el átomo conquistan inusitadas disparidades y
abismos, renace con brío el artefacto que llaman
carnero en el Oriente cubano, quizá como
reminiscencia trópica de las figuras zoomorfas
que se incrustaban en los extremos de los
arietes medievales, dispuestos a golpear contra
los portones de las atalayas y castillos. Ahora
los arietes hidráulicos arremeten, con sus
rítmicos y útiles golpes, contra la cultura
energética del petrodólar: hacia la cultura
solar.
Publicado en
Energía y tú,
Nos. 19 y 25, jul.-sep., 2002 y ene.-mar., 2004.
* Escritor y periodista. Director de la
Editorial CUBASOLAR. Autor de los libros
Matrimonio solar
y
Hacia la cultura solar.
tel.: (537) 2059949.
e-mail:
amonte@cubaenergia.cu
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Ingeniero Agrónomo. Director del Centro
Integrado de Tecnologías del Agua (CITA).
tel.: (5332) 261471.
e-mail:
rhcita@esicm.cu
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