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En el
valle de Caracas del suelo
venezolano
El cerro Guaraira Repano
se yergue como un altar,
atribuido a la Diosa
siempre bella y primorosa,
La Diosa Grande del Mar.
Pero los historiadores
se empeñan en demostrar
que fue un refugio nativo
de los Guaraira y nada más.
Que bello que hubiera sido
que fuera cierto en verdad
que una ola gigantesca
proveniente de ultramar
convertida fue en gran Cerro,
por la Gran Diosa del Mar.
Puedo ver entre las nubes
su bello rostro brillar
mientras su vista dirige
al centro de la ciudad.
Caracas tiene una Diosa
que siempre la ha de amparar,
pero si se olvidan de ella…
a su reino volverá.
Guaraira Repano que fuera,
fiel refugio primitivo,
es custodio de Caracas,
hermoso, nublado, altivo.
con sus cañadas, sus picos
y árboles representativos.
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Está el Guayabo de Hierro
tan difícil de vencer.
El Matapalo, el Almendro,
la Santa María, el Quesillo
y el fabuloso Copey.
El Jabillo, Arguaney,
el Bucare y el pardillo.
El Gamelote, el Maimeicillo
el Micay y el Hachuelo
en el valle de Caracashuelo
Toporón, Indio Desnudo, Quiripití,
Mantequero y sus varas.
y la resistente Tara.
Sus matorrales andinos
a La Diosa ofrecen flores
que alegran las primaveras
de su alta selva nublada.
El incienso que perfuma,
las madrugadas heladas.
Y Rosa de Avila que adorna
junto a la orquídea su falda.
El Guaraira Repano,
me parece suplicar:
“Que protejan a su selva
porque en ella está el altar
donde en las Luna Creciente
de noche viene a rezar,
por los niños de Caracas,
La diosa Grande del Mar”.
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