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Hoy ví por televisión
de toros una corrida.
En los palcos mucha gente,
culta y educada, había
Tras las tapias protectoras,
en seguro callejón,
“Mozo
de espadas”
asiste,
al torero lidiador.
En "el primer
tercio" salen
pisando fuerte en el
ruedo
Picadores
a caballo
que al toro lo ponen bravo
y escarba furioso el suelo.
Al tercio segundo entran
gallardos
Banderilleros
para clavar
banderillas
que esconden punzantes hierros
bajo adornos coloridos
y por ello más siniestros,
Hace apenas minutillos
el Tauro estaba tranquilo
reposando en un establo.
Tenía hambre, tenía sed.
Ni pienso ni agua había
en aquel sombrío lugar
que por prima vez veía.
De fuera llegaban gritos
de la gente de las gradas;
es que los
Alguacilillos
se pavoneaban a sus anchas
dando allí su "paseíllo"
sobre la arena soleada.
De pronto,- se abre una puerta,
la puerta de los
toriles,
que lleva directo al ruedo.
El Sol calienta la arena
peinada por
Areneros
y el toro necio arremete
al ver un poco de cielo.
Quiere volver a su valle,
campos de menta y tomillo
donde pacer apacible
con la hacienda del cortijo.
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Y se enfrenta al
Picador
montado en un corcel ciego
que nunca sabrá de donde
vienen afilados cuernos.
Y entre puyas y corridas
se termina el primer tercio
y al callejón se retiran
transpirados faeneros.
La gente aplaude y comenta
Que les parece el encuentro
Si el toro es de buena casta.
Que si es de fama el
torero.
Y entretanto, allí en el ruedo,
la bestia que busca en vano
una salida hacia el campo.
El jerez moja las bocas
de damas almidonadas
y los niños con dinero
se hartan de limonadas.
"El tercio segundo" a dado
paso a tres banderilleros
pero el toro sigue solo
con un destino ya cierto
Laboran los hombres diestros
el “tercio de banderilla”.
bregando al
toro compadres
mientras uno lo provoca
por turno en su “cruz” colocan
las hirientes banderillas
a un toro que no claudica,
hasta el final de la lidia.
El Matador, ya con fama,
dedica el toro galante
arrojando su montera
a su novia o a su amante.
Justo en ese mismo instante
el toro escarba la arena
y el torero a su capote
sostiene con la muleta.
Muy decidido lo enfrenta
hombre y bestia emparejados
El toro por desangrado
y el hombre por experiencia.
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Está sellada la suerte
la hora corre inefable
y en el “Tercio de la muerte”
también se muere la tarde.
El toro casi anulado
aún tiene algo de coraje
y al torero se le ve
reluciente con su traje.
Con el capote lo engaña
porque es un toro salvaje
cuando baja la cabeza
le hace “pases de muleta”
hasta que al final lo cansa.
El toro juntas las patas
y con la cabeza gacha
deja salir de su boca
una larga lengua blanca.
El torero matador
seguro y con gran prestancia
se aleja dando la espalda.
El toro queda jadeante
Mientras que el hombre se ufana.
Finalmente al Mozo pide
que le haga el “cambio de espadas”
y aunque la suerte esta echada
nunca se sabe si llega
con una, dos o con tres
o hasta con cuatro estocadas.
Su brazo estira el torero
dispuesto a dar “el final”
al noble y fiero animal
que ha ensangrentado el ruedo.
El hombre mira el encuentro
para el estoque clavar.
Lo clava y da un salto atrás
creyendo que fue un acierto
se da vuelta a saludar
y justo en ese momento,
lanza el toro una cornada
que en su corazón va a dar
y los dos se caen muertos,
en ese mismo lugar.
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